Denise Maerker tiene razón: Es más fácil encontrar a un nuevo director de Aeroméxico que a la mejor golfista del mundo. Pero la vida está llena de momentos, de circunstancias y de decisiones. Lorena Ochoa tomó la suya, la que ella siente más confortable para su vida, y nosotros lo único que podemos hacer, además de lamentar el hecho en estricta materia deportiva, es apoyarla y confiar en que de acuerdo a sus necesidades de hoy, ha hecho lo mejor.
La atleta más dominante del país en la última década y una de las grandes deportistas mexicanas de la historia, decidió ponerle un compás de espera a su brillante carrera en el Tour profesional del golf. Y yo no comparto, de ninguna manera, la vaga idea de que decide frenar su carrera porque ha perdido la concentración, el toque, el ritmo o hasta la capacidad de ganar.
Los mexicanos nunca hemos tenido la capacidad y el valor de comprender la clase de figura que es Lorena Ochoa. Pasó ante nuestros ojos como un torbellino de triunfo y de gloria, mientras usted y yo -sobre todo, yo- andábamos preocupados por nuestra gloriosa selección de futbol y nuestro torneo domestico. ¿Cuánto tiempo, cuánta tinta y cuánto espacio perdimos hablando de cuestiones triviales teniendo a una figura de la talla de Lorena? Me da pena, me doy pena.
Lorena ha alcanzado niveles de excelencia hasta topes lamentablemente poco comprendidos en un país como el nuestro. Es la única atleta de México que podría comprometer su nombre junto al de figuras legendarias del deporte mundial como Michael Jordan, Tiger Woods, Roger Federer o Usain Bolt. A diferencia de México donde parecía lejana, elitista, reservada para ciertos intereses comerciales y para ciertas clases sociales, Lorena provocó interés, expectación y admiración en cada campo del mundo donde se presentaba. Sigo pensando que un país donde la mujer sigue siendo marginada, discriminada y muchas veces explotada, Lorena y otras atletas como Ana Gabriela Guevara, Soraya Jiménez, Paola Espinosa y María Espinoza son todo un milagro de vida, de triunfo y de gloria.
¡Felicidades, Lorena! Te has ganado nuestro eterno respecto, cariño y admiración y hoy, tienes todo el derecho, como cualquiera de nosotros, a buscar tu destino, tu felicidad, tu mundo.
Por: David Faitelson
Fuente: LaAficion.com





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