
El club de golf más exclusivo del mundo está en Provenza (Francia) y no tiene nombre ni clasificación, dado que no existe oficialmente. Michael Hilti, presidente de la entidad, lo prefiere así. “Queremos que este club sea tan exclusivo como sea posible”, afirma Hilti, consejero de la empresa que lleva su nombre, una compañía líder en herramientas de precisión con sede en Liechtenstein.
“La libertad tiene su precio”, dice. “Aunque ya no recuerdo lo que gastamos en construir el campo de golf, actualmente tenemos programada una inversión de entre 10 y 20 millones de euros; y, en teoría, algún día podríamos alcanzar los 100 miembros”.
¿Será esto otra fábula de la región francesa inmortalizada por las pinceladas de Cézanne, el festival cinematográfico de Cannes y las playas de Saint Tropez? Las rarezas del golf y de quienes practican ese deporte se hace patente en este campo de 5.224 metros. La camarilla de miembros -24 más un personal permanente de 30- llaman a los 18 hoyos encubiertos y a la villa residencial de terracota construida, simplemente Vidauban (una población de la región), para no dar pistas a los golfistas que recorren los barrancos y bosques de la zona para confirmar la leyenda.
La historia de Vidauban comenzó en 1977, cuando el arquitecto de campos de golf Robert Trent Jones, que paseaba junto al río L’Argent, decidió comprar la propiedad a un agricultor. Con su hijo, concibió el que probablemente sea el campo más exclusivo del mundo.
Un grupo de cuatro personas empezó a jugar en 1995. A través de los años, la gente se ha referido al club como Goat Track, Rockpile, Greens of Vidauban, Prince de Provence y La Fondation d’Entreprise du Golf de Vidauban Pour l’Environnement. “Algunas veces los miembros vendan los ojos de sus invitados para que la ruta continúe siendo secreta”, dice Michele Benedetti, presidente de una empresa de construcción que desde 1969 ha edificado 130 campos de golf en Europa.
De Benedetti, cuyos buldóceres ayudaron a dar forma a Vidauban, los lugareños dicen que juega con frecuencia en el club: ello significa que lo hace una vez al año. No obstante, en su visita más reciente, el empresario se perdió al recorrer los serpenteantes caminos que conducen al santuario, cerca de la aldea de Le Cannet-des-Maures. “Algunas de las señales por las que me guiaba en el pasado han sido retiradas”, dice. Eso agrada, sin duda, al gerente general de Vidauban, John Gould.





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